Sarah Mullally dedicó su primer sermón a quienes han sido perjudicados por “fallos” dentro de la iglesia.
Sarah Mullally se convirtió este miércoles en la 106ª arzobispa de Canterbury y la primera mujer en ocupar el cargo más alto de la Iglesia de Inglaterra. En su primer sermón, la nueva líder eclesiástica tuvo palabras de reconocimiento para las víctimas de “los fallos” dentro de la propia institución, en un acto cargado de simbolismo tras la polémica renuncia de su antecesor.
Mullally, quien se desempeñaba como obispa de Londres desde 2018, insistió en “no pasar por alto ni minimizar el dolor experimentado” por aquellos que han sido “perjudicados” por “las acciones, inacciones o fallos” de quienes pertenecen a las iglesias y comunidades anglicanas. Su mensaje se enmarca en el proceso de reparación tras la salida de Justin Welby en 2024, quien dimitió tras ser fuertemente criticado por su gestión de un caso de abusos.
La nueva arzobispa asume el liderazgo de la Comunión Anglicana mundial en un momento de profundos desafíos internos, con la necesidad de restaurar la confianza en la institución y abordar las heridas causadas por casos de abuso y negligencia. Su nombramiento representa un hito en la historia de la Iglesia de Inglaterra, que cuenta con más de 500 años de existencia.
Mullally, quien antes de su carrera eclesiástica fue enfermera y directora de enfermería en el Servicio Nacional de Salud británico (NHS), ha destacado por su enfoque en la justicia social y la protección de los más vulnerables. Su ascenso al arzobispado es visto como un intento de la iglesia por avanzar hacia una mayor transparencia y rendición de cuentas.









