Tiene que pescar entre lo peor para ganarse la vida.
Les llaman los mineros, los cazadores o los recicladores del Guaire, un río de aguas sucias que capta el drenaje en Caracas, la capital de Venezuela, donde, entre los desechos fecales, buscan objetos de valor como joyas o monedas que a los ciudadanos se les caen en sus casas por el inodoro y las tuberías.
Si pescan una joya la llevan a casas de empeño y si son materiales de cierto valor a las recicladoras. Entre varios se organizan y se dividen para proteger su zona en el río. Saben del riesgo para su salud, pues en su piel ya tienen infecciones.

Lo que ganan se lo dividen y les alcanza apenas para comprar el alimento necesario para sus familias o en ocasiones pasa la gente y les regala algo.
Los recicladores del Guaire no sólo tienen que cuidarse de las infecciones, sino de los delincuentes y hasta de los policías que, en ocasiones, lo poco que sacan se los quitan.
Esta es otra triste y cruda postal humana, parte de una difícil realidad que, aunque varios quisieran esconder, creemos es necesario dar a conocer.









