Esta situación la enfrentan muchas personas en el ramo de la construcción.
Max Dorvil es un inmigrante haitiano, que en su país se dedicaba al periodismo, y actualmente vive en Tijuana donde sufrió un accidente y se fracturó tres dedos de la mano derecha mientras trabajaba en una construcción para la empresa Shioka Arqui Grupo.
Huyendo de la violencia en su país, llegó a México e inmediatamente solicitó asilo humanitario, y por necesidad empezó a trabajar en el ramo de la construcción.
El pasado viernes 19 de abril, su mano quedó atrapada en una máquina fracturando tres de sus dedos de la mano derecha.

La empresa pagó los medicamentos y lo llevó al hospital el primer día, pero después ya no respondieron al resto de su tratamiento. En su actual condición le es imposible trabajar y no cuenta con el recurso para pagar el tratamiento y los medicamentos que necesita.
El dirigente de la Asociación Fronteriza de Apoyo a Niños y Migrantes, Evan Louis, es quien se encuentra buscando una manera de apoyarlo para proporcionarle atención médica.
«Como ellos no hablan español, no tienen papeles o seguro, muchas empresas no se hacen responsables cuando ocurren accidentes como este», señaló el activista.










