El ingreso a esta capilla es gratuito, de 8 de la mañana a 8 de la noche.
Marco es un joven que le dejó 100 dólares a la Santa Muerte porque le pidió que le aprobarán su residencia en Estados Unidos para reencontrarse con su mamá después de décadas y se lo cumplió. Tres años después regresó para agradecerle en la capilla del bulevar 2000 en Tijuana.
Esta capilla existe desde hace 15 años en el bulevar 2000, en dirección de Tijuana a Rosarito, y llama la atención de cualquiera por las grandes imágenes que imponen desde su exterior.
Pero eso es nada en comparación con el interior, donde hay cientos de veladoras encendidas, así como imágenes de diferentes tamaños y colores, pero con sus elementos característicos; la balanza, la guadaña, el reloj de arena y un pequeño mundo.
Los creyentes generalmente le ofrecen cigarros, bebidas, veladoras y flores, pero hay quienes, incluso llegan a casarse frente a ella o le presentan a sus hijos recién nacidos.
Aunque muchos le temen por su aspecto y lo que representa, cada vez son más los que de boca en boca creen que es una mujer bondadosa que los protege.
Dicen que ella no es mala, que sólo responde a quienes la invocan, y que son las personas las que la utilizan para el bien o el mal.
Esta capilla, en sus inicios era solo un homenaje a un creyente que falleció en el lugar, pero con el paso del tiempo la gente que transitaba le fue dejando ofrendas creyendo que se trataba de un altar a la Santa. Un culto que fue creciendo con los años y que llevó a la familia a transformar el pequeño homenaje en una capilla real.
Quienes son creyentes la visitan al menos dos veces al mes y entran principalmente para pedirle que regrese un viejo amor, que sane a un ser querido, que llegue el dinero a sus vidas o algún milagro que ya les concedió.
El ingreso a esta capilla es gratuito, de 8 de la mañana a 8 de la noche todos los días, y en la parte de atrás se ofrecen servicios de “limpias” por una aportación voluntaria para los encargados del lugar.









