Internas no pierden la esperanza de algún día salir y reincorporarse a la sociedad.
En este centro penitenciario mantienen privadas de su libertad a 330 mujeres con diferentes perfiles criminales, bajo, medio y de alta peligrosidad.
Las tienen clasificadas por su comportamiento y el sistema por el que están siendo juzgadas, tradicional o el nuevo. En la mayoría de los edificios tienen a seis mujeres por celda.
Nancy, por darle un nombre a quien aceptó compartirnos su testimonio, lleva 10 años encerrada y no ha recibido su sentencia por privación ilegal de la libertad.
Llegó como todas, con miedos por la imagen que se tiene de las cárceles, pero afirma que es diferente; ahora es instructora de los talleres de belleza y manualidades que de lunes a jueves imparten en este centro.
Para Cándida Cruz, la comandante encargada, su función es que se cumplan los horarios de actividades para las internas; sus tres comidas, los talleres, audiencias, visitas, llamadas y horas al aire libre.
Mantener el orden con tanta gente en un espacio reducido siempre será un reto y más cuando se trata de personas con perfiles tan variados, que independientemente de las razones por las que están privadas de su libertad, no pierden sus derechos humanos y la esperanza de algún día salir y reincorporarse a la sociedad.









