Taparán el fresco durante tres meses mientras expertos limpian la acumulación de partículas que opacan sus colores.
El fresco del «Juicio Final» de Miguel Ángel, la monumental obra que preside el altar de la Capilla Sixtina en el Vaticano, será cubierto por una lona durante los próximos tres meses para permitir una restauración extraordinaria. A partir del 2 de febrero, se instalaron andamios que ocultarán la pintura original, la cual será sustituida temporalmente por una reproducción en alta definición para que los visitantes puedan seguir apreciando la iconografía del lugar.
Según explicó Paolo Violini, director del Laboratorio de Restauración de los Museos Vaticanos, la intervención es necesaria para eliminar un «difuso velo blanquecino» causado por micropartículas transportadas por el aire, que ha atenuado los contrastes y reducido la vivacidad cromática concebida por el artista. El fresco, pintado entre 1536 y 1541, no había recibido una limpieza profunda desde la última gran restauración concluida en 1994.

Barbara Jatta, directora de los Museos Vaticanos, subrayó que el objetivo es recuperar «la calidad cromática y lumínica deseada por Miguel Ángel» y restituir la complejidad formal de la obra, que ocupa unos 180 metros cuadrados. La Capilla Sixtina permanecerá abierta al público durante todo el proceso, que se enfoca únicamente en la limpieza de la superficie pictórica.
Esta campaña específica para el «Juicio Final» contrasta con las limpiezas periódicas nocturnas que recibe el resto de la capilla. Los trabajos, que comenzaron con la instalación de la infraestructura, se realizarán detrás de la lona que reproduce la obra, minimizando así la interrupción de la experiencia de los millones de visitantes anuales.






