Automatización permite aumentar la productividad y liberar tiempo para la innovación.
La inteligencia artificial y la automatización transformarán la forma de trabajar en los próximos años, pero no sustituirán las capacidades humanas relacionadas con el juicio, la creatividad y la toma de decisiones, afirmó el rector de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México y Tijuana, Luis Arriaga Valenzuela, durante un desayuno empresarial organizado por la Coparmex.
Ante empresarios afiliados al organismo liderado por Elisa Ibáñez, el académico presentó la ponencia “Desarrollo e inteligencia artificial: formar el talento humano en tiempos de automatización”, donde destacó que el futuro laboral no será una competencia entre personas y máquinas, sino una colaboración en la que la tecnología asumirá tareas operativas mientras que los seres humanos aportarán criterio, contexto y responsabilidad.

Arriaga Valenzuela señaló que la automatización permite aumentar la productividad y liberar tiempo para la innovación; sin embargo, advirtió que sus beneficios pueden concentrarse en unos cuantos si no se impulsa la formación de talento y el acceso al conocimiento. Por ello, consideró indispensable preparar a las nuevas generaciones para enfrentar los cambios tecnológicos.
Durante su exposición, identificó cinco capacidades que consideró insustituibles frente al avance de la inteligencia artificial: la ética, la justicia, la creatividad, el dominio técnico y la apertura a las humanidades. Explicó que estas competencias serán fundamentales para que las personas puedan liderar, interpretar contextos complejos y tomar decisiones con impacto social.

El rector enfatizó que uno de los principales desafíos será garantizar que el desarrollo tecnológico esté acompañado por principios éticos. En ese sentido, invitó a empresarios y líderes a analizar no solo los beneficios económicos de la inteligencia artificial, sino también sus efectos en el empleo, la equidad y la dignidad humana.
Finalmente, sostuvo que la formación del talento humano debe incluir la capacidad de discernir y evaluar las consecuencias de las decisiones tecnológicas, con el objetivo de asegurar que la innovación se mantenga al servicio de las personas y contribuya al desarrollo de una sociedad más justa y responsable.










