Miles de fieles y líderes globales dieron el último adiós al pontífice que transformó la Iglesia con su estilo reformista.
El papa Francisco fue sepultado este sábado en la basílica de Santa María la Mayor de Roma, tras una jornada cargada de emotividad que reunió a cerca de 200,000 personas en la plaza de San Pedro. La misa fúnebre, presidida por el decano del Colegio Cardenalicio, marcó el inicio de los actos que culminaron con el entierro del primer pontífice latinoamericano en una tumba de mármol blanco con la sobria inscripción «Franciscus».
El cortejo fúnebre recorrió los lugares emblemáticos de la Ciudad Eterna, incluyendo el Coliseo, en un trayecto que simbolizó la conexión del papa argentino con la historia y la cultura romana. Las estrictas medidas de seguridad no impidieron que miles de fieles se alinearan en las calles para rendir homenaje al líder religioso que durante doce años impulsó reformas para acercar la Iglesia a los más vulnerables.

La ceremonia de entierro, sencilla pero solemne, reflejó el estilo humilde que caracterizó el pontificado de Francisco. Decenas de jefes de Estado y representantes religiosos de todo el mundo asistieron a los actos, destacando el legado de un papa que promovió el diálogo interreligioso y mostró especial preocupación por los migrantes y los pobres.
Con su descanso final en tierra romana, se cierra un capítulo transformador para la Iglesia Católica. Francisco deja como herencia una institución más abierta al cambio, pero con desafíos pendientes, mientras los fieles de todo el mundo comienzan a despedir al pontífice que cambió el rostro del catolicismo en el siglo XXI.









